ARTICULOS DE OPINION


Revista digital de arte, cultura y opinión en Alicante. En estas páginas no podemos estar ajenos a lo que pasa en España ni en el mundo. Dirigida por el escritor, poeta y pintor Ramón PALMERAL. Los lectores deciden si este blog es bueno, malo, o merece la pena leerlo.

sábado, 13 de mayo de 2017

El Valle de los Caídos y otras cuestiones de principio racional







¿QUÉ HACER CON EL VALL DE LOS CAÍDOS?


   Sobre el Valle de los Caídos me gustaría disertar un poco –un poquito nada más­– puesto que este tema está ardiendo estos días en el candelero del Congreso y los medios de comunicación.  «No culpemos de  nuestros males en otros», porque evidentemente estás en nosotros mismos. Es una más de las heridas visible de las dos Españas que algunos quieren saturar y cerrar en falso, cuando no es posible hacerlo, como imposible es cerrar los capítulos de nuestra historia, porque son
 nuestros, y hemos de cargar con ellos como se carga con la explotación de los judíos y moriscos o la perdida de la Armada Invencible. Estos son algunos de nuestras heridas históricas. Jamás se podrá contentar a los dos bandos por muchas leyes de memoria históricas que se promulguen, se aprueben o se lapiden o se cambien nombres de calles.
    A pesar de que  llevamos diez años desde de promulgación de la polémica Ley de la Memoria Histórica 52/2007, que trata de devolver la dignidad a los vencidos (a unos gusta y a otros no). El jueves 11 de mayo fue la primera vez que el Congreso aprobó una proposición no de ley, que tiene efecto simbólicos, y el Gobierno no está obligado a cumplirla –los indocto en  leyes no entendemos esta paradoja muy bien–, para exhumar los restos del dictador Francisco Franco; y posiblemente también salgan los restos de José Antonio Primo de Rivera, que, él,  personalmente, no era franquista, sino el fundador de la Falange,  fusilado en Alicante el 20 de noviembre de 1936 por los republicanos.
   En el Valle de los Caídos se encuentran además enterrados 33.487 cadáveres de contendientes de ambos lados, de los cuales casi 15.000 están sin identificar. De uno y otro bando, los descendientes de republicanos no quieren que sus antepasados reposen junto al dictador, es una opinión respetable, como si fuera a la inversa, falangistas y derechista fusilados por los republicanos.
   La Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos –que  es su nombre oficial­–, todos sabemos que es un cenotafio  o monumento franquista construido por  miles de esclavos  presos republicanos, en  lo que fue un gran campo de trabajos forzados de cumplimiento de penas. Según el historiador Paul Preston, fue concebido por el dictador como un monumento a «sus caídos, a los caídos por Dios y por España», según el decreto de 2 de abril de 1940, por el que se ordenaba su construcción. Ahora se dice que es «para perpetuar la memoria de todos los caídos», pero nadie se lo cree.
    Hoy en una España democrática y plural se debe ser lo suficientemente maduros, como para poder  exhumar los restos de dictador, que ni un día más pueden ser venerados por los trasnochados franquitas, tranquilamente, de una persona que dio un golpe de estado contra una república constitucional (a pesar de sus males). ¿Y después de exhumar los cadáveres aludidos, qué se pedirá?
    Con todos mis respetos para la gran cruz de piedra de  150 m de altura construida en base al proyecto de los arquitectos Pedro Muguruza y Diego Méndez,  y a sus pies los evangelista de Juan de Ávalos; a algunos, les trae malos recuerdos y a otros una veneración religiosa, es un lugar que oficialmente no existe, porque nada en él se celebra. Si partimos de que en realidad, queremos dar uso a este monumento que pertenece al Patrimonio Nacional, y teniendo en cuenta que este valle es en realidad un gran cementerio, la solución inmediata puede pasar por la exhumación de todos los cadáveres, sin excepción, y entregarlos a sus descendiente y a los anónimos a otro cementerio.
     La única utilidad posible es la de  habilitar un Centro de Interpretación de la Guerra Civil con el consenso de todos los partidos. Todo monumento tiene su valor  histórico y artístico, como también existen muchas iglesias, pantanos, o viviendas sociales de época franquista. Arrancar de raíz una construcción el pasado nos equiparía a los fundamentalistas islámicos que destruyeron los budas de Bāmiyān. Los diputados del congreso representan a la voz democrática del pueblo, pero no siempre el pueblo tiene razón como pasó con las elecciones de Hitler en la Alemania nazi en 1933. Los políticos a los que les damos votos y voz, son las hojas de nuestras raíces en discordia. Que como he dijo al principio: jamás se puede hacer política para contentar a todos, sino que hay que dejarse llevarse por la razón y la lógica.


Ramón Fernández Palmeral
Autor de “La cara atroz del Guernica de Picasso”
Alicante, 13 de mayo de 2017