ARTICULOS DE OPINION


Revista digital de arte, cultura y opinión en Alicante. En estas páginas no podemos estar ajenos a lo que pasa en España ni en el mundo. Dirigida por el escritor, poeta y pintor Ramón PALMERAL.

jueves, 23 de septiembre de 2010

MIRAR UN CUADRO: Mª ELENA MARTINEZ LOPEZ “ELENA DE LA ROMANA”.





(fotografías de Palmeral y Esteve)

MIRAR UN CUADRO: Mª ELENA MARTINEZ LOPEZ “ELENA DE LA ROMANA”.
OBRAS: DOS PIEZAS DE CERÁMICA Y UN DIBUJO.

Esta que os voy a contar hoy, es la historia agridulce de una niña que vino a nacer en un lugar denominado Las Cuevas de San Antón, aldea de La Romana, de unas cuantas y humildes casas hoy en día, que alguna vez y por lo que se deduce del nombre y por estar en el repecho o falda de una montaña, seguramente fue origen de un núcleo de población que habitaba en la más humilde de las moradas: la cueva.
Esa niña es hoy, Mª Elena Martínez López, más conocida en el mundo del Arte, como “Elena de La Romana” y viene, invitada por mí, a este Taller de MIRAR UN CUADRO, para mostrarnos algunas facetas de su arte.
Su historia, es la de una superación de adversas circunstancias, superadas por una inteligencia natural; una predisposición genética para las habilidades manuales; el apoyo de una noble dama, y sobre todo y por encima de todo, una sensibilidad para captar la belleza que nació con ella y habita en ella.
La trágica muerte de su padre, cuando en su taller de “manitas” del pueblo, la llama de una maldita vela, prende fuego a una garrafa en la que guardaba gasolina y lo abrasa, es el primer y fatal recuerdo, que a los cinco años - esa edad en la que los recuerdos se difuminan y se pierden para dar paso a las vivencias-, se le grava en la mente para siempre. La niña que se esconde tras el tronco de un olivo, huyendo del horror de ver a su padre ardiendo, mientras algunos vecinos tratan de apagar la tea humana con agua y mantas, no es la misma niña, que pasadas unas horas vuelve a lugar de los hechos y amorosamente va recogiendo del suelo, los restos del pantalón a cuadros con el que ardió su padre. Es ya una niña marcada por la tragedia, que iba a cambiar su vida, de cómo pudo ser a como ha sido hasta ahora.
A la tragedia humana se añade la social, su madre queda viuda con dos niñas: ella y su hermana de tres años. Sin embargo, el núcleo familiar de abuelos y tío, palían de alguna forma la tragedia y su vida transcurre en la felicidad y monotonía de la infancia, hasta que a los once años, Doña Luisa Gómez Tortosa, Marquesa e hija de los Condes de Gómez-Tortosa, noble y piadosa dama de la familia que introdujo en modernismo en Novelda, la toma bajo su tutela y la manda a estudiar a Alicante, donde reside en el antiguo “Chalet del Obispo”, que por entonces era Casa-Residencia Femenina y Casa de Ejercicios Espirituales “El Pilar”, sita en el Altozano alicantino. Allí permanece internada hasta los veintitrés años que acaba la carrera, con esporádicas visitas en vacaciones, a su querida casa de Las Cuevas de San Antón y a la mansión en Novelda de su tutora.
Y en esos años de vida universitaria, es cuando surge el amor entre ella y un compañero de estudios llamado Juan, que acabaría por llevarse al “huerto “de las huríes, a la joven “virgen de cejas negras” que el Profeta prometía a los que cumplieran el Ramadán. Pero hasta el placentero día de rosas pero sin vino, que el Islán prohíbe, la joven hurí se resistió hasta la treintena, pues antes quería adornarse de los más amplios saberes en Arte y mostrarlos por mercados y mercadillos, exhibición que desagradaba al joven enamorado que pretendía una y otra vez, hacerle abandonar sus locuras artísticas y llévasela a su jardín para su solo disfrute. Y lo logró por algunos años, en los que del amor nació una Afrodita y un Omar, que les dieron felicidad y bienes, pues la joven y enamorada hurí de las cejas negras, apoyó en todo a su inteligente enamorado, hasta que logró hacerse con un puesto entre los que viven de los que gastan el petróleo. Pero se cuenta que después de alumbrar, la joven esposa vio llegado el momento de retomar sus antiguas prácticas artísticas, porque las necesitaba para sentirse feliz. Pero su enamorado Juan no entendía sus inquietudes, y tampoco le agradaba la idea de que su amante esposa quisiera proseguir con las exhibiciones de los frutos de sus saberes artísticos, fuera de las tapias de su jardín y aun más allá, pues hasta pretendía ir a otros mundos donde sus saberes pudiera ser mas apreciados.
Ese enfrentamiento de almas antagónicas, tenía que explotar y explotó. La hurí, que entre las setenta a su esposo destinadas en el Paraíso prometido, parecía ser la que estaba destinada a tenerle en sus brazos por mil años y sin perder la virginidad, salió del jardín para varios años, en los que sufrió el desamor y las penurias que fuera de él se encontró.
Pasaron los años y se volvieron a encontrar en el recuerdo de los felices días pasados y porque tenían en común el fruto de su pasado amor, pero el jardín se había agostado y fue imposible hacer brotar a los arboles para que dieran nuevos frutos, a los rosales rosas y al agua de los pozos para hacerla correr por acequias y brazales. El intento resultó vano. Se reabrieron las antiguas discrepancias. Nada había cambiado Y desde la bifurcación del camino de su extinguido amor, se dieron la mano sin rencor, se desearon suerte y cada uno tomó distinta rama del camino sin retorno, en la creencia de que el suyo era el más acertado.
Y así acaba por ahora este cuento, que no es cuento y por eso lo cuento, y para salir de este laberinto en el que me he metido por no poder decir las cosas en “roman paladino” que es el que entiende mi vecino.
Sigamos y dejémonos de cuentos.
Elena, aprovecha sus años de internamiento casi monjil, para ser una JAPS, ( joven aunque sobradamente preparada) que se dice de los mileurista de hoy en día, y logra bachillerato y C.O.U en el Instituto Femenino de Enseñanza Media, hoy “Miguel Hernández” y la licenciatura en Filosofía y Letras, en la especialidad de Geografía e Historia por la Universidad de Alicante.
Hasta aquí, su vida académica de formación básica, sin embargo, la formación de Elena es consustancial a su existencia. Ellas es como un pulpo de mil tentáculos que pega sus ventosas allá donde pueda sacar algún jugo para alimento de su infinito afán de aprender, de perfeccionarse, de ser mejor en lo suyo. Para ello logra los títulos de Graduada en Artes Aplicadas en la especialidad de Cerámica y el de Técnica superior de Artes Plásticas y Diseño en Artes Aplicadas de la Escultura: Técnica Artística de la Piedra y Diplomas en varias especialidades dirigidas fundamentalmente al Arte y a la Pedagogía, pasando por los idiomas y la Ecología. Profesionalmente todos estos estudios los encamina hacia la enseñanza en la que actualmente trabaja y en especial a la enseñanza de los discapacitados síquicos, en cuya especialidad lo viene haciendo desde 1993, como formadora-monitora de cerámica y con los que ha logrado numerosos premios que avalan su capacidad pedagógica en ese campo.
Y ya, para no aburrir, no voy a seguir comentando el inmenso curriculum profesional de nuestra Elena. A mí y a los efectos de este Taller, el que más me interesa es el artístico, que como podéis ver es consustancial con el profesional
Y ahí vamos. Elena tiene fusionadas su doble condición de artesana y artista. El artesano se convierte en artista, cuando infunde al objeto creado un algo sublime que trasciende de lo material y lo convierte en sugerencia espiritual.
Ella lo viene haciendo así desde su niñez, cuando a las faldas de su abuela materna, aprendía manualidades, que supongo serian cosas así como el coser, bordar o hacer ganchillo y quiso algo más: reflejar con el lápiz el paisaje de su entorno y ya sabemos por alguien, que el paisaje es un estado del alma. Lo hizo con el que más cerca tenía y más sobresalía: la Iglesia de La Romana. Con el ganó un primer premio en dibujo. Luego se iría perfeccionando en el bachiller, en el que tuvo la suerte de tener como profesor a Don Segundo García, “quien potenció su entusiasmo por el dibujo” como ella misma dice en la “Historia de su formación” y que nos da la pista de que ese “entusiasmo” le venía de lejos. Sin embargo este entusiasmo no la lleva por el camino lógico de la pintura, -como podría haber sido, dado sus condiciones para el dibujo-, si no que se vuelca más en la cerámica artística, que empieza a decorar con catorce o quince años, en tiempo de asueto en sus estudios. Luego probaría con los esmaltes en frio y con la decoración minuciosa de platos, hasta que en los años noventa estudia Cerámica Artística y comienza a utilizar el horno como crisol, pues aunque las piezas que de él salen no son metálicas ni se funde, se trata de autenticas piezas de orfebrería talladas en barro, en las que la simbiosis entre artesanía y Arte, se hace tan patente, como para que el crítico de Arte Carlos de Villaelena, dijera: “De Elena, tengo que decir que, aunque joven y guapa como a la vista esta, es una veterana escultora-ceramista, cuyo Arte escandila a cualquiera. A ella no la voy a descubrir yo y menos en su pueblo, del que es una celebridad. De su trabajo admiro: sus pequeñas piezas; sus columnas salomónicas miniadas; sus emblemáticas “meninas” y “alicantinas”, pero cuando contemplo esas piezas de orfebrería arabesca de sus platos, en los que solo un Rey de Reyes Divino, seria digno de comer, entonces mi admiración es tanta , que yo, a Elena de La Romana, le pondría por sobrenombre artístico : “Elena, la Benvenuto Cellini de La Romana”.”
Yo me adhiero a ese calificativo, pues ni Benvenuto en su famoso salero de oro y esmaltes, derrochó tal cantidad de paciencia, como Elena al hacer su gran plato esmaltado, en el que la minuciosidad a punta de palillo se hace sublime y trasciende del objeto al sujeto que lo ha creado y viceversa.
Elena debutó en el mundo de las exposiciones, con una individual en Barcelona. Fue en el año 1978 y desde entonces ha participado en una cincuentena entre individuales y colectivas. Su éxito más sonado fue en 1979 en el Aula “Amigos de la Cultura” de Novelda: vendió las ochenta piezas expuestas. Todo un éxito artístico y económico que raramente se da en el mundo del Arte. Lo cierto es que Elena siempre ha vendido muy bien sus creaciones, incluso en época de crisis como la actual, pues en su última exposición en “La Casa Encarná” de La Romana, ha vendido una parte importante de la obra expuesta. Y para eso en estos tiempos, hay que ser un genio, como todos sabemos.
Hablar de la personalidad de Elena, no es difícil pues ella es una persona rectilínea y sin doblez alguna aparente, cuya bondad la aureola como a los santos. Educada y comedida en su trato con los demás, nunca dirá una palabra más alta que otra. Paciente y constante para el trabajo. Inteligente y sencilla por eso. Sensible para ponerse en lugar del otro, se vuelca con los disminuidos síquicos y saca de ellos, con su paciencia infinita, la creatividad que llevan dentro esos seres desvalidos a los que adora y le adoran. Dulce en su hablar, la sonrisa adorna sus labios invitando al acercamiento fraterno y a otro tipo de acercamientos velados que ahora duermen a la espera del Príncipe capaz de despertarlos, pues “aun tiene edad”… aunque no tiempo, ya que siempre que la ves viene de un trabajo y se dirige a otro, pues el pluriempleo la ocupa doce o catorce horas al día, para sacar adelante una familia de la que ellas es madre y padre.
Esta es mi Elena. La Elena a la que todos queremos y la que a todos quiere y para la que os pido un aplauso que sea algo así como el entrañable abrazo de todos sus compañeros.
Muchas gracias.
Carlos Bermejo
Alicante, 23 de Septiembre de 2010