ARTICULOS DE OPINION


Revista digital de arte, cultura y opinión en Alicante. En estas páginas no podemos estar ajenos a lo que pasa en España ni en el mundo. Dirigida por el escritor, poeta y pintor Ramón PALMERAL.

domingo, 24 de agosto de 2014

Noches de playas, risas y mantel.

Las playas de noche: risas y mantel

El litoral alicantino reúne cada vez a más personas que aprovechan la brisa nocturna para cenar entre amigos y a un coste de andar por casa

23.08.2014 | 23:55 /Diario Información
 

Las playas de noche: risas y mantel
 
Fórmulas para sortear la crisis. Los ajustes que muchas familias han hecho del presupuesto doméstico con motivo de la crisis han dado vía libre a otras alternativas de ocio, que siempre han existido pero que durante años estaban casi arrinconadas. Este verano, las playas del litoral alicantino han recibido por la noche a más visitantes que nunca. Las cenas al borde del mar (a un precio muy económico) se consolidan entre los planes nocturnos.

No es un fenómeno nuevo, pero cada año cuenta con más adeptos en el litoral de la provincia. Y es que los alicantinos, y también los turistas nacionales y extranjeros, no sólo sacan rendimiento a las playas de día, cuando el sol pega a conciencia y la rutina va de la tumbona al agua, pasando por algún juego en la orilla y el posterior refresco para bajar pulsaciones. Cada vez resulta más habitual encontrar a decenas de grupos formados por familiares y amigos que se citan de noche en alguna playa alicantina para disfrutar, entre risas, de una agradable cena frente al mar. Y a coste casi cero, ya que la norma –no escrita– invita a que los participantes aporten algo al menú del que posteriormente todos disfrutarán.
Seguramente, una de las imágenes más llamativas se da en la playa de Urbanova, debido a su lejanía del casco urbano y, en cambio, a la proximidad entre la arena y el paseo marítimo y a la facilidad para encontrar aparcamiento en el entorno. Allí, resulta habitual encontrarse a grupos de personas distribuidos por toda la playa, incluso más allá de los límites que marca la habitual zona de paseo. La mayoría, eso sí, aprovecha la luz de las farolas que iluminan el paseo, creando así una fila de mesas que recorren buena parte del paseo marítimo. Otros, que buscan más intimidad y no estar a un simple golpe de vista de los paseantes, optan por llevarse de casa todo tipo de objetos luminosos que ofrecen la claridad suficiente para cenar en un clima agradable.

Ese fenómeno, que se ve en playas como la Albufereta, Urbanova, Arenales o San Juan, se ha agudizado con la crisis. «Es una fórmula barata para cenar entre amigos y no estar metidos en casa, pasando calor o con el aire acondicionado puesto todo el día. Además, aquí, los críos disfrutan de la arena, jugando sin molestar», explica Iván, un joven alicantino que acude con frecuencia a la playa de Urbanova con parte de su familia. «Depende de las obligaciones de cada uno, pero nos gusta juntarnos al menos un par de veces al mes. Normalmente lo hacemos la noche del sábado, porque la mayoría no trabaja y es un día que apetece salir», continúa Iván, mientras dos de sus sobrinos juguetean con la arena a su lado.
A escasos metros se puede ver a un grupo de mayor edad. En total son seis personas, sin niños a la vista. «Somos tres parejas, con los hijos ya mayores, que nos gusta salir a cenar, pero con la crisis no podemos permitirnos gastarnos mucho dinero, ya que varios estamos en el paro. Venir a cenar a la playa nos permite estar juntos, pasárnoslo muy bien y gastar casi lo mismo que si cenáramos en casa», argumenta Espe. Sobre la mesa, minutos después de arrancar oficialmente la cena, hay varios platos de plástico a modo de entrantes, mientras que cada uno sostiene en sus manos un bocadillo. «Las bebidas y los aperitivos los ponemos entre todos. Cada pareja trae un par de aperitivos. Nosotros hoy hemos venido con una tortilla de patatas y unos boquerones en vinagre. En la bebida somos más clásicos, cervezas para todos y luego caerá alguna copa», continúa Espe, mientras el resto del grupo charla amigablemente.

La presencia de más o menos grupos sobre la arena resulta algo aleatoria, según explican los veteranos de la zona. Es cierto, puntualizan, que este mes de agosto es cuando más personas eligen cenar en la playa, y los sábados el día preferido. «Aunque hay condicionantes muy importantes, como el tiempo. Si durante un día hace bastante viento, viene mucha menos gente, aunque luego por la noche se calme», recalca Ricardo, un vecino estival de Urbanova.
Esta fórmula de ocio nocturno también genera recelos, aunque pocos admiten un importante perjuicio en caja. «Seguramente, esta gente hace unos años salía a cenar a bares o restaurantes y luego se tomaba una copa con los amigos o familiares. Y esa clientela la hemos perdido por los ajustes que las familias han hecho en su economía. Pero, es cierto, que esas mismas personas ahora tienen dos alternativas: cenar en casa o venirse, por ejemplo, a la playa. En pocos casos, podrían cambiar el cenar en mesas plegables en la arena con venir a los restaurante que estamos en primera línea del paseo. Así que podríamos decir que ese 'turismo a coste cero' nos puede perjudicar, pero sería mentir. A fecha de hoy, no son clientes potenciales, veremos cuando pase la crisis si siguen en la playa o prefieren cenar en un bar. Eso, por ahora, no lo sabemos», reconocen desde un local en la playa de Arenales del Sol.
Esa postura –dicha por un empresario de la zona– la hacen suya buena parte de los usuarios nocturnos de la playa. «A muchos nos gustaría irnos a una pizzería con los niños, pero no podemos. Estar en la playa es una manera de hacerles sentir vivos, de que vean que se puede hacer una vida casi normal aunque no tengamos tanto dinero como antes de la crisis», continúa Juana, que disfruta de la noche junto a varios familiares.

Las restricciones en el presupuesto de las familias, como se puede ver cada semana en las playas alicantinas, no impide que muchos sigan disfrutando de su gente. «Hay que ser ingeniosos. Podemos comernos el bocadillo en casa, cabreados por la situación, o venirnos aquí y pasar un buen rato entre amigos», concluye Vicente, con su hijo en brazos.