ARTICULOS DE OPINION


Revista digital de arte, cultura y opinión en Alicante. En estas páginas no podemos estar ajenos a lo que pasa en España ni en el mundo. Dirigida por el escritor, poeta y pintor Ramón PALMERAL. Los lectores deciden si este blog es bueno, malo, o merece la pena leerlo.

sábado, 15 de febrero de 2014

Lo que queda del castillo de Confrides (Alicante).




Es el castillo más elevado de Alicante (1.100 metros) y domina todo el valle de Guadalest hasta el mar, a cuya baronía perteneció
TEXTOS Y FOTOS: JOSÉ MARÍA GALIANA

A mil cien metros de altura, bajo un cielo raso de invierno, la luz traspasa el aire y adquiere una rutilante nitidez. Los excursionistas que suben de buena mañana al castillo de Confrides, el más elevado de la provincia de Alicante, saben bien lo que digo.
A esas horas, el rocío todavía perla las verduras de los huertos familiares. Ya ha cantado el gallo y las gallinas,los pavos reales y los conejos se remueven en el corral. A principios de febrero varearon la aceituna y apenas queda el recuerdo de los almendros en flor, y una estampa inesperada: un paisaje japonés y un río sarraceno: el Guadalest, que aflora en la cabecera del valle.
El origen de Confrides se remonta a la desaparecida alquería de Aljofra o Alfofra, en cuyas inmediaciones se levantó el castillo musulmán. Conquistada en 1264 por Jaime I de Aragón, la donó a Vidal de Sarrià. Durante la guerra con Castilla fue conquistada por las tropas castellanas que la mantuvieron en su poder varios años hasta que Pedro IV la recuperó en 1364, al obtener un destacado papel durante las revueltas de los moriscos.
A comienzos del siglo XVI, a consecuencia de la guerra de las Germanías, la población, cifrada en 120 / 160 vecinos, se vio obligada a convertirse al cristianismo. Los mudéjares de Confrides aceptaron de mal grado esta forzada conversión, y en 1526 se rebelaron contra la decisión de la Junta de 1525.
Poco antes de la expulsión de los moriscos Confrides contaba con 240 habitantes, siendo mayoría los moriscos que opusieron fuerte resistencia armada al decreto de expulsión de 1609 y se refugiaron en las montañas del valle de Alauar (Laguart).
Otros años y leguas
A lo lejos, el primitivo castillo de Aljofra da la sensación de estar cincelado en ese escarpe rocoso, peña viva que domina la sierra de Aitana y todo el valle de Guadalest hasta el mar de Altea, a cuyo marquesado pertenecieron las alquerías de Beniardá, Benimantell, Benifato Benasau, Abdet y Confrides: ahora, el censo de las dos últimas citadas suman 303 vecinos.
Gabriel Miró los describe así: «Otra aldea: L’Abdet, un panal en el corte de la quebrada. Y detrás, Confrides; su torre como un ademán de persuasión para contener el ímpetu de la ruta de la mar. Otros años y leguas; pasan los aeroplanos, pasan las águilas y la cima se duerme en el azul, pura y eterna».
A medida que avanzamos por un carril asfaltado, empinado y sinuoso, vemos el campanario de Confrides que se espiga en la ladera. Puede subir en automóvil a las inmediaciones del castillo si no ha llovido y tiene precaución al bajar otro vehículo de frente.
El paisaje, ameno, frondoso y despejado, deja atrás pedrizas, terrazas de frutales, olivos, almendros, pinos, encinas, animales domésticos en libertad, bancales de hortalizas, troncos apilados con los que encender el hogar...
El turismo no ha hecho mella en el espíritu agrícola de esta alquería visitada los fines de semana por ciclistas (BTT), motoristas y amigos de la montaña que suelen hacer un alto en la venta del Pirineo, toman un café en el bar de la carretera y prosiguen hasta el Puerto de Confrides, donde se juntan los pies de Aitana y de La Serrella, dos de las sierras más carismáticas de la geografía alicantina.
Hay dos posibilidades de acceder a la sierra de Aitana: por el puerto de Tudons en la CV-770 camino de la localidad de Sella, o por la población de Confrides, en la CV-3313, pasado el puerto del mismo nombre. Ambas pistas forestales se encuentran en el área recreativa de la fuente del Árbol, con lo cual se puede realizar fácilmente un recorrido entre ambos puntos. Impone la soledad de algunas viviendas dispersas en las faldones de la umbría de Aitana, en cuya cima se alza el castillo. Al otro lado se eleva, arrogante, la sierra de la Serrella que tiene una gran capacidad de fascinación, belleza que se insinúa desde Alcoleja por su desnudez y redondeces, y sin embargo, es una de las menos conocidas.
La cresta, erizada de altos picos, evoca la gracia y levedad de un arco. Coronada de este a oeste por cuatro crestones que superan los 1.300 metros, desde sus miradores se alcanzan dilatadas panorámicas .
Tras un breve descanso llegamos al castillo de Aljofra, situado a tres kilómetros de Confrides. En hora y media se sube a este castillo roquero abocado al abismo. El recinto es alargado con dos torres circulares y una tercera en el lado opuesto, frontero a la montaña. La puerta mira al norte y en sus murallas quedan restos de troneras. Otro muro defiende el acceso. Pese al estado de avanzada ruina conserva varios lienzos y un aljibe. La muralla, almenada, se refuerza con otras dos torres. De origen musulmán, tras la conquista debió reformarse.
De vuelta a Confrides disfrutamos viendo la línea de montes de la Serrella y oliendo a salvia y tomillo. La iglesia de San José data del siglo XVIII, y en la plaza principal hay un nogal gigante. La agricultura es la base económica, y al igual que Alcoleja tiene fama de buenas carnicerías.
El Rincón del Olvido es una casa tradicional del siglo XIX plantada en el corazón de Confrides y destinada a hospedería y restaurante. La cocina es peculiar: platos de esencias canarias y propuestas tan singulares como las codornices con mermelada de tomate y manchego fundido, o el magret de pato al cabrales con mermelada de piña.
Declina la tarde, tomamos un café y volvemos a la carretera. Un perfil de color gris azulado se dibuja el horizonte.