ARTICULOS DE OPINION


Revista digital de arte, cultura y opinión en Alicante. En estas páginas no podemos estar ajenos a lo que pasa en España ni en el mundo. Dirigida por el escritor, poeta y pintor Ramón PALMERAL.

viernes, 10 de junio de 2011

La corrupción y la Justicia

Según leo hoy en la prensa escrita, después del empleo, lo que más preocupa a los españoles es la clase política, a quien considera un problema. Muchos de ellos se lo han ganado a pulso con la corrupción y su impunidad ante la Justicia, que es lo que más indigna al ciudadano. Si robas un radio-casset de un coche vas inmediatamente a la cárcel, si te cogen con unos gramos de cocaína vas a la cárcel, si le das un puñetazo a un policía vas a la cárcel, si fumas en un bar te ponen un multazo. Sin embargo, actualmente con el PSOE en el poder, si eres presidente de las Cortes, de una Autonomía, un alcalde o un concejal de un ayuntamiento y se llevan millones dando información privilegiada, pasando planes de urbanismos, recibiendo regalos a cambio de los favores prestados, no vas a la cárcel.
La presencia del poder la obstenta la persona que puede dar ordenes y castigar, y a ellas van dirigidas los dardos envenedados del deshonor. Porque entre los políticos el honor no existe ni se le supone de lejos. Porque la dimisión no es el ejercicio más proclive de los políticos, sino el resistir hasta las últimas consecuencia del martillo de madera.
Ante la impunidad de los corruptos la gente sale a la calle y se convierte en los indignados, una minoría joven que se ha dado cuanta de los chanchullos, y que los políticos, a pesar de lo mal que lo pasa la gente, van a los suyo. Los indignados somos la momia dormida que ellos han despertado.
La indignación aumenta cuando se ve que contra la corrupción política no se puede luchar. Los jueces instructores, en cuanto reciben un atestado de supuesta corrupción se ponen nerviosos y empiezan a recibir llamadas telefónicas del decano, de los compañeros y de los amigos, y lo que hacen es ponerse de perfil como los egipcios y muy legalistas, es decir no dejar pasar ninguna prueba bien contrastada o fundamentada, y obtenida con todas las garantías legales.
Los abogados y procuradores se frotan las manos, dinero fresco y negro les llega. El sumario se hace secreto, aunque por las costuras de los legajos se filtra información para que los medios de información puedan hacer su trabajo de juicios paralelos y ataque político.
El proceso se alarga, los recursos se multiplican, la recusaciones aumentan, los distinto tribunales se pasan la patata caliente de un lado a otro, los millones están en juego. El corruptor es siempre un empresario que lo que quiere es dar trabajo, y el corrupto no salía lo que hacía.

El resultado final pueden ser los siguientes:
Primero: desestimación por el instructor de pruebas y escuchas telefónica por falta de motivación o fundamento, y sobreseimiento por falta de prueba (las pruebas eran insuficientes, estaban viciadas por la policía instructora, y nada se puedo probar en la vista o juicio moral, que es lo que en definitiva vale para una sentencia).
Segundo: el caso ha prescrito.
Tercero: Hay sentencia menor de tres años, los corruptos no van a la cárcel, y además se declaran insolventes, es decir, que no tienen un euro a su nombre.
Cuarto: Si el personaje político es de altura, los partidos negocian y salen el indulto del Gobierno.

¿Que nos queda al ciudadano indignado?: salir a la calla y protestar pacíficamente, hasta que esto cambie. Para otros ojos esto es la revolución. Protestar siempre incomoda y es revolucionario, lo cual es bueno.

¡Zapatero vete ya!

Ramón Fernández Palmeral, Alicante, 10 de junio 2011