ARTICULOS DE OPINION


Revista digital de arte, cultura y opinión en Alicante. En estas páginas no podemos estar ajenos a lo que pasa en España ni en el mundo. Dirigida por el escritor, poeta y pintor Ramón PALMERAL.

martes, 16 de septiembre de 2008

De cómo perdí 4 kilos en un mes

Me di cuenta que debido a los problemas de mi rodilla tenía que perder peso, la fórmula iba a ser dura y terrible, puesto que suponía castigar a mi cuerpo, un cuerpo vago y débil. Lo que ha servido para mí, no sirve para otros, pero os voy a contar mi dieta filosófico, espiritual y física. Y repito que, lo que ha servido para mí no sirve para otros.
Primero.- Entendí que todo ser humano se divide en dos: Alma y cuerpo. El alma es el yo que es igual a mi cerebro. El cuerpo, en cambio, es el caballo sobre el que vive el yo, es la herencia. Ya tenemos hecha la división, por un lado el cerebro o el yo-jinete (el que piensa y sufre) y por otro el cuerpo o caballo-herencia (la materia orgánica que no piensa ni sufre). Sí, sí, amigo, convencerse de esta división del ser, como en yoga la separación de los entes coincidentes, es obligado para lograr un perfecto equilibro mental y físico, y ceo, debe ser así. Entiendo que yo soy huésped del cuerpo donde vivo en esta vida terrenal, porque en realidad somos eternos en otras fases espirituales y en la memoria de los demás generaciones. Si por el contrario, el cuerpo domina al jinete del yo, estamos apañados, tiremos la toalla de antemano. Sería como la revolución de los cuerpo contra el alma y el ser espiritual, el caos y el fin.
Bueno, veo que me entiendes, la cuestión es que yo estaba cabreado con mi cuerpo que cargaba sobre la rodilla, y decidí que tenía que perder peso, ya, o adelgazar, que no me gusta esta palabra, porque supone pérdida del tamaño de la "adelfa" y no somos vegetales. En fin, que me encargué del caballo, de domarlo, de castigarlo a tope, sin perdón ni lastimerías. Fue casi sadomasoquista, sin disciplina no se consigue nada, es decir, hacerme cargo de domar este cuerpo convertido en un soldado rollizo y graso, de castigarle para perde peso, pero no con comodidades sino a lo espartano, a lo bestia. Advierto que mi sistema es traumático, funciona pero es traumático.
Segunda fase.- Madrugones, me he levantado a las 6 de la mañana, y he hecho algunos ejercicios caseros, hay que hacer diez minutos de ejercicios de respiración profunda hasta marearse, playa, piscina y duchas frías, el cuerpo es un soldado desobediente. Luego me iba a la playa y me bañaba en el agua del mar, había que enfriar el cuerpo para que perdiera calorías, que recibiera impresiones, reforzar la voluntad. Si el mar estaba con levante, no me bañaba pero en cuanto llegaba a casa me metía un minutos bajo la ducha fría. El agua fría reduce las calorías y revitaliza al cuerpo, no a mí, sino al cuerpo al que estamos disciplinando. Cuando el cuerpo nota que le están castigando refuerza su sistema inmunológico y se fortalece. Otras veces, como no puedo andar mucho, he ido a la piscina municipal, más ejercicio. Calentamiento de brazos, flexiones de brazos, tronco..., sin ejercicio físico no hay dieta que funcione. Os puedo asegurar que me daba pellizcos y no me dolían. El dolor se supera pensando en un momento plácido y "gustoso", todo es cuestión de comedura de coco.
Tercera fase.- Alimentos, hay que alimentarlo porque de lo contrario el caballo-soldado se muere por inanición, en medio del jinete y el cuerpo hay un árbitro, que es el instinto de conservación o supervivencia, para evitar lo abusos de autoridad o poder. Desayuno: un Actimet con jamón york. Otro día soja con copos de maíz. Hay que tomar fibra para reforzar la flora intestinal. Nada de "almorzaeta", una o dos piezas de fruta a las 12 de la mañana.
Agua: hay que beber mucho agua, buchitos constantemente, porque hay que hacer trabajar al riñón. Nada de alcohol ni cerveza porque aumentan las calorías. Al medio día una fruta para que el caballo del cuerpo se entretenga. Porque ya he dejado constancia de que Ramón se divide en dos: Yo y cuerpo.
La comida del medio día, la que te pongan, pero medio plato de la razón normal (las paellas, menos cuantas, mejor), y sin postre, ya se lo di al medio día con la fruta, bebida, no se debe beber durante la comida, sino media hora antes, si es posible agua de Lanjarón o bicarbonatada, nada de caseras ni colas. Por la tarde infusión de té, tila o tomillo, o café con sacarina. Cenar temprano sobre la 8 de la tarde, algo de pescado, o jamón york, o pavo frío, y a eso de las 22 horas, un Actimec con una almendras o avellanas para calmar las iras del sueño.
No le he dado al cuerpo nada agradable, como azúcar, dulces, ni pan, poca carne, algo de queso de añadidura para engañarle. Le eché algunos picantes para que rabiara por dentro. Para compensar la posible pérdida de minerales le daba 1 pastilla de Micebrina cada dos o tres días no viene mal, de ven en cuando, una cucharadita de miel o jale real. Lo mejor hubiera sido alfalfa pero está el árbitro, ese vigilante con el silbato de la supervivencia. Me pesaba una vez a la semana. Y de 88 kilos he llegado a 84, y sigo perdiendo.
Esta ha sido mi experiencia, espero seguir hasta llegar a los 80 kilo, yo no se la recomiendo a nadie porque bastante espartana, no soy dietético. Creo que cada uno ha de hacer su propio programa de dieta mental y física, hasta que no llegas a este nirvana de la división del ser, no se consigue nada. (Ramón Fernández)