ARTICULOS DE OPINION


Revista digital de arte, cultura y opinión en Alicante. En estas páginas no podemos estar ajenos a lo que pasa en España ni en el mundo. Dirigida por el escritor, poeta y pintor Ramón PALMERAL. Los lectores deciden si este blog es bueno a malo, o merece la pena leerlo.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Salman, vecino de Marbella y ahora rey. Felipe VI irá a Arabia Saudí


El nuevo monarca de Arabia Saudí es el más marbellí de la familia real, que lleva una vida discreta, privada y más bien nocturna

Una imagen de la mezquita de Marbella. DIARIO SUR
El rey Salman bin Abdulaziz de Arabia Saudí es el amigo Salman. Marbella tiene una peculiar facultad para conceder su aprecio a todo aquel ciudadano que, llegado del exterior, se asiente dentro de sus lindes. Máxime si es rico. Siendo una ciudad de acogida, con un 40% de población extranjera, a nadie diferencia por el color de su dinero, tenga mucho o muchísimo. Desde que en los años setenta agasajara improvisadamente al entonces príncipe Fahd (Rey entre 1982 y 2005), se ha ganado a pulso su condición de lugar de vacaciones de la familia real saudí y, más recientemente, de la realeza de los Emiratos Árabes. Tanto es así que la ciudad celebra como un asunto propio que el príncipe Salman, el amigo Salman, vecino durante tantos años, se haya convertido en rey de Arabia Saudí.
Los usos y costumbres en Marbella de la numerosa familia real saudí han dado lugar a una manoseada crónica sobre sus excesos, convertidos en cierto modo en leyenda urbana. Se da por hecho que disponen de El Corte Inglés a su antojo, que dejan sin existencias cualquier tienda de lujo, que no hay límites a su capricho y que su visita va acompañada de la contratación de un número indeterminado de trabajadores para todo tipo de funciones domésticas. Las cifras vuelan sin rigor y sin rubor, desde las cuantiosas propinas que reparten, desde los cientos o miles de familiares y funcionarios que componen el séquito, hasta la riqueza que ello supone para el pueblo de Marbella. Ningún estudio ha reparado en el impacto que generan en la economía local. “No lo hay, es cierto”, reconoce Chela Figueira, concejala de Comunicación, “pero es evidente que generan riqueza”.
— ¿Y pagan el IBI de todas sus propiedades o están exentos?
— Lo pagan religiosamente.
Salman tiene su yate 'Shaf London' atracado en Puerto Banús.
La finca de Salman ocupa 200.000 metros cuadrados y está junto a la mezquita que financia el monarca
Dada la leyenda, parecería que el rey de Arabia Saudí visita con frecuencia Marbella. Y eso no ha sido así, por mucho que allí disponga de un palacio y varias dependencias en un recinto que ocupa 48.000 hectáreas de Las Lomas, un monte en clavado en plena Milla de Oro. La última vez que el rey Fahd estuvo en Marbella fue en 2002. Y, antes de ese verano, estuvo en 1999. Y su sucesor, el rey Abdalá, nunca apareció por la ciudad. Cierto es que Fahd mandó construir una mezquita en 1981, y una segunda de carácter privado poco después, que subvencionó unas viviendas sociales y una planta de hemodinámica en el hospital local, y que convirtió Marbella en lugar de peregrinación estival de su extensa familia, donde otros príncipes construyeron otros palacios. Pero quien sí visitaba Marbella con asiduidad era su hermano Salman, cuando era príncipe y ministro y cuando se convirtió en el heredero. El verano pasado, sin ir más lejos.
A pesar de la leyenda de excesos que les precede, la vida de los saudíes en Marbella ha sido muy discreta y, curiosamente, han establecido lazos de confianza con vecinos del lugar. No se han mezclado con la gente, sus actividades son privadas, pero sus proveedores han sido los mismos desde el principio de los tiempos. Los primeros jardineros se han encargado de contratar a otros jardineros, así como el carnicero de confianza, o el florista, o los conductores de sus vehículos. Casi no contratan empresas de servicios. Han tejido una red personal. El cónsul de Arabia Saudí en Málaga se encarga de otros pormenores, con la discreción habitual.
Los hábitos de la realeza son peculiares. Viven de noche, en fiestas privadas o en los yates. Duermen toda la mañana. Hacen compras. Los niños van en grupo, escoltados, entre otros por agentes de la Guardia Civil contratados al efecto, muchas veces sin el conocimiento de sus mandos. De vez en cuando, alguna gran fiesta, para la que se alquila una flota de Mercedes traída ex profeso de Alemania. O una boda, como la celebrada en 2011 entre Sarah bin Fahd Salman, nieta del rey, y Talal bin Abdulaziz bin Bander. Mil invitados. 15 orquestas contratadas de todos los lugares del mundo. Luces moradas de neón decoraban la finca La Concepción, que en su día perteneció a Juan Antonio Roca, el gerente de urbanismo, hoy en prisión. Se supo de la fiesta, pero no de la identidad de los cantantes contratados. Todo se hizo a lo grande, pero con la discreción habitual. De la misma manera, un medallista olímpico de las Bahamas fue contratado para entrenar en Marbella a la hija de un familiar de la realeza. Para medir sus progresos se trajo a la campeona andaluza. Fue una carrera privada. Nadie lo supo.
El rey Salman. EFE
Los saudíes son parte del paisaje de la Milla de Oro. Lo dominan desde el monte. Y todo empezó en 1973, cuando Adnan Kashogui, un hombre de negocios más conocido por su relación con el tráfico de armas, telefoneó una tarde a su amigo Alfonso de Hohenlohe porque había convencido al príncipe Fahd, a la sazón ministro del Interior por entonces, de que no aterrizara su avión en Niza para ir a Montecarlo y conociera Marbella. “Montecarlo es muy aburrido, alteza”, le dijo. Pero Alfonso no disponía de 32 habitaciones para su séquito en su Marbella Club. El conde Rudolf Schönburg, mejor conocido como el conde Rudi, lo cuenta en una terraza bajo el cálido sol de enero marbellí. “Alfonso sabía que en la clínica Incosol acababan de terminar las obras de la segunda planta y preguntó a Ignacio Coca si podía disponer de 32 habitaciones. Y dijo que sí”. Fahd aterrizó en Marbella y residió en la casa de unos aristócratas, que se la cedieron a Alfonso para la ocasión, y que convirtió en una especie de suite del Marbella Club. Así Fahd descubrió un lugar cercano al paraíso, eso al menos dicen que dijo. Al día siguiente, el hijo de Alfonso acudió llorando a la mesa donde almorzaban con el príncipe porque había perdido su halcón. El príncipe Fahd ordenó que su avión privado volara hasta Arabia para traerle al muchacho no uno sino dos halcones. Fue el primer exceso documentado.
Tiempo después, el cónsul solicitó la reserva de un monte para edificar una futura residencia del príncipe. Compraron cuantas casas, por nobles que fueran, lo habitaban. Actuaron con la máxima discreción. Y allí nació la primera mezquita, pagada por el amigo Salman. Y la segunda. Y residencias para toda la familia, con sus tejados verdes, lo que distingue a los miembros de la realeza. Y, al lado de la mezquita, la casa Al Riyad, la del príncipe Salman, sobre 200.000 metros cuadrados de terreno.
Unas mujeres árabes en las calles de Marbella.
Allí, Salman daba sus recepciones. A una de ellas acudió Diego Martín Reyes, alcalde accidental de Marbella durante 17 meses, cuando el Consistorio fue intervenido a causa de la Operación Malaya. Año 2007. Recepción un viernes después de la oración en la mezquita. “Todo era muy protocolario. Nos dieron un zumo de cardamomo en el jardín cubierto, donde había unos bancos de cada uno de los cuales pendía un televisor. En el salón, para comer, entró él primero y después yo. Era una especie de autoservicio. Bebíamos leche de cabra y había todo lo que uno se pueda imaginar para comer. La gente iba entrando pero todo era muy lento porque, antes de sentarse, debían servirse. En un momento dado, Salman dio por terminada su comida. Se levantó y la comida se dejó de servir, así que hubo mucha gente que se quedó sin comer”.
Salman financia la mezquita de Marbella, donde su imam es un marroquí, Allal Bachar El Hosri, un hombre afable y sereno, que vive en España desde hace 37 años, ya nacionalizado español. Bachar explica como Salman le ha defendido de aquellos que pedían un clérigo más integrista. “Yo soy malaquita [una doctrina muy moderada] y sigo aquí gracias a Salman”. Salman tiene su yate Shaf London atracado permanentemente en Puerto Banús. Se hizo construir un palacio en Tánger, donde el verano pasado estuvo más tiempo que en Marbella. Aquejado de varias dolencias, entre ellas un principio de alzhéimer, su salud no es buena.
El mercado del lujo inmobiliario ha repuntado en Marbella hace meses. Así que si el amigo Salman, rey Salman bin Abdulaziz de Arabia Saudí desde hace tres semanas, visita la ciudad como lo ha venido haciendo durante los últimos 30 veranos, sería como proclamar que la crisis ha terminado. Al menos, en Marbella