ARTICULOS DE OPINION


Revista digital de arte, cultura y opinión en Alicante. En estas páginas no podemos estar ajenos a lo que pasa en España ni en el mundo. Dirigida por el escritor, poeta y pintor Ramón PALMERAL.

jueves, 28 de julio de 2016

Pedro Sánchez ya no tiene los apoyos de los catalanes.



Pedro Sánchez ya no tienelos apoyo de los catalanes independentistas.

La posibilidad de que Pedro Sánchez intente formar gobierno, si Rajoy falla la investidura no puede ser, porque la coalición de Ciudadanos más Podemos, más(Convergència y ERC) y la CUP, han aprobado el proceso de desconexión con España, aprobado en el Parlamento catalán. Ellos han aprovechado la debilidad de un gobierno en funciones para tomar esta decisión, siempre lo hacen cuando más encuentran el momento de debilidad.  
  Ahora Pedro Sánchez, ya no se puede hacer nada. Es imposible llegar a un acuerdo con ellos, salvo que les dé fecha parta un referéndum. Si gobernara Pedro Sánchez, ya sabemos a lo que iría a la fragmentación de España.
 España, en su mayoría no quiere la desconexión de Cataluña, pero resultado que los nacionalista tienes demasiado diputados en el Congreso por culpa de una ley electoral que les favorece.
 Pedro Sánchez guarda silencio, mientras el PSOE está dividido, Pedro sabe que es su última oportunidad, porque en unas terceras elecciones se va a perder el 25 % del electorado. Y El PP será el gran beneficiado, porque, hoy por hoy, son el partido que más posibilidades tienes de gobernar. Ojala fuéramos a unas terceras elecciones para que el PP tenga mayoría absoluta y mande a la oposición a la cuadra del congreso. Ponga mano dura y juzgue a todo aquellos que no cumplen las leyes.
La vos del pueblo catalán está dividida al 50 %, y con la crisis que se le avecina, por su mala gobernabilidad, la sociedad catalana, desorientada y manipulada, será cada vez más independentista.
 Y Podemos es pro independencia y sesionista.

Ramón Palmeral
 La afibiología de Rajoy
 Aceptó intentar la investidura, pero no garantizó que llegue a someterse al debate y a la votación, que pondría en marcha la cuenta atrás para disolver la Cortes en caso de no salir elegido y si no fructificara una alternativa. Rajoy desplegó toda su pericia anfibológica para no asumir el compromiso en su totalidad, pero sin renunciar a la responsabilidad del intento. Tras de sí empujaba la presión de siete meses de Gobierno en funciones, dos elecciones generales y la amenaza de unos terceros comicios.