ARTICULOS DE OPINION


Revista digital de arte, cultura y opinión en Alicante. En estas páginas no podemos estar ajenos a lo que pasa en España ni en el mundo. Dirigida por el escritor, poeta y pintor Ramón PALMERAL.

jueves, 7 de abril de 2016

Romería a la Santa Faz, por Ramón Palmeral



9.-  Romería a la Santa Faz

         Días después de cada Semana Santa  llega el misticismo de la Santa Faz  que retumba en mi interior como una voz que me llamara al recogimiento y a la peregrinación más devota e ineludible.  En este día me veo forzado a bordar la calzada con mis pasos de vía crucis religioso desde el Ayuntamiento hasta el Monasterio acompañando la comitiva oficial con mi caña y pasos silenciosos, mientras pienso en ese rostro divino en el paño de la Verónica, y por un momento eludo los pensamientos mundanos y materiales, pido paz, por los enfermos y las víctimas de cualquier guerra, legal o ilegal. Camino solo entre la multitud, empujado por la fe que es solitaria e interior. Es una romería donde acuden todas las autoridades municipales e  incluso el Presidente de la Generalitat Valenciana de turno.
        Tras ocho kilómetros de alfombra asfaltada y cerrada al tráfico nos acercamos al Monasterio dirección a San Juan que fue construido en 1766 de estilo renacentista y fachada barroca, se lo dejaron  a cargo de las religiosas Clarisas de clausura. Sobre la pila bautismal una placa de mármol da testimonio de que por allí rindieron visitas todos los reyes de España.
        En el solemne y eclesiástico interior trepan exvotos en ofrendas de mandas o favores recibidos. Detrás del ábside, una rica capilla, en la que se guarda con tres llaves la sagrada reliquia (un lienzo en el que la Verónica enjugó el rostro Cristo camino del Calvario). Cuenta la historia que la reliquia fue traída desde Roma en el siglo XV. No podemos olvidar los estudios sobre la Santa Faz del doctor en Historia  y cronista de Alicante Enrique Cutillas Bernal.
        Tres llaves guardan la custodia en la basílica de Santa Faz. Cuando abierta la puerta, el obispo nos enseña a los feligreses la tan solemne y alabada reliquia, y el romero florece en nuestros báculos de caña, hemos conseguido el jubileo. Nuestros muchos pecados anuales han sido perdonados, nos sentimos lleno de una extraña energía espiritual que nos servirá para celebrar un ágape entre amigos y familiares.  Por un día los coches han cedido su fuerza avasalladora y han sido domesticados por el poder extraño de un día de romería reconfortante y religiosa para el cuerpo y el espíritu que nos hace olvidar el belicismo en que vivimos y el bombardeo de un estado permanente de propaganda política en la televisión.
        Pero si fuéramos verdaderos devotos, cualquier domingo nos debería valer para hacer una visita a la reliquia y pedir perdón por nuestros muchos errores morales y éticos, y sentirnos verdaderamente aliviados de nuestro dolor de hierros y bridas entre los que vivimos aherrojados o apresados por hierros.