ARTICULOS DE OPINION


Revista digital de arte, cultura y opinión en Alicante. En estas páginas no podemos estar ajenos a lo que pasa en España ni en el mundo. Dirigida por el escritor, poeta y pintor Ramón PALMERAL. Los lectores deciden si este blog es bueno, malo, o merece la pena leerlo.

martes, 5 de marzo de 2013

Qué felicidad somos monárquicos y hay que hacerle el peloteo a la Casa Real



Rita Barberá, el duque de Palma y Francisco Camps, en uno de los encuentros del congreso Valencia Summit patrocinados en Valencia. / J. C. CARDENAS (EFE)

Francisco Camps, expresidente de la Comunidad Valenciana y diputado autonómico, y Rita Barberá, alcaldesa de Valencia y diputada autonómica, están a un paso de ser imputados en el caso Nóos por la adjudicación a dedo de varios contratos a favor del instituto que dirigían Iñaki Urdangarin, yerno del Rey, y su socio Diego Torres, por casi cuatro millones de euros entre 2004 y 2006.
Como ambos políticos del PP son aforados, si el juez Castro entendiera finalmente que hay indicios suficientes contra ambos dirigentes, debería inhibirse en la parte de la investigación referida a la Comunidad Valenciana y remitir este asunto al Tribunal Superior de Justicia de esa autonomía.
La declaración de Urdangarin ante el juez José Castro del pasado 23 de febrero, cuya transcripción adelantó ayer la edición digital de EL PAÍS, coloca a los dos dirigentes del PP valenciano en situación similar a la del expresidente balear Jaume Matas, ya imputado en el caso Nóos por dar adjudicaciones a dedo.
Urdangarin admitió ante el juez que todos los contratos a dedo que logró de las administraciones valencianas —los dos eventos Valencia Summit y la preparación de unos Juegos Europeos en esa comunidad— tuvieron su origen en sus entrevistas con Camps y Barberá, que asumieron sus propuestas y le adjudicaron esos proyectos sin concurso público alguno.
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Al Duque Empalmado no se le podía negar nada. Barberá, Camps y Jaume Matas fueron victimas del poder real, celestial de la Casa Real y su recomendados. Negarse a dar favores suponía una condena de honor.