ARTICULOS DE OPINION


Revista digital de arte, cultura y opinión en Alicante. En estas páginas no podemos estar ajenos a lo que pasa en España ni en el mundo. Dirigida por el escritor, poeta y pintor Ramón PALMERAL. Los lectores deciden si este blog es bueno, malo, o merece la pena leerlo.

sábado, 22 de diciembre de 2012

¿Para qué gastar en arte con la que está cayendo?


Y, sin embargo, ¿alguien puede pensar en una sociedad sin arte? En cada época el hombre ha buscado cosas diferentes en el arte, pero no hay cultura que no tenga música, pintura, retratos, y dependiendo del desarrollo tecnológico de cada momento productos nuevos: cine, fotografía, vídeo o realidad virtual.
Pero, ¿de qué viven los artistas? Cada año se matriculan en las diferentes facultades universitarias españolas veinticuatro mil (24.000) estudiantes en carreras relacionadas con las artes (Bellas Artes, Historia del Arte o Restauración). Por otro lado el sector del arte no solo está compuesto por el artista / creador, también están los críticos, gestores, galeristas, restauradores, museólogos o docentes. Y el mercado del arte español, ni está desarrollado, ni garantiza un aporte de capital que pueda garantizar la supervivencia de los que se dedican a la creación, de los que crean el patrimonio artístico, patrimonio que supone no solo un capital tangible y cuantificable para toda la sociedad, sino que es el incentivo de visitas turísticas a nuestro país, que es seña de identidad de una época o de un grupo humano mucho más que cualquier grupo deportivo, político o económico.
La defensa del sector artístico se ha hecho siempre desde un asociacionismo poco vertebrado, no existe un sindicato sectorial, ni un colegio profesional, diversas asociaciones cubren este espacio, las de artistas visuales, las de críticos, galeristas o gestores culturales, y en los últimos años el Instituto de Arte Contemporáneo que cuenta entre sus asociados con profesionales de todos los ámbitos.
En las reivindicaciones más usuales tenían que ver con algo tan sencillo como una relación contractual entre profesionales, es decir, cuando un artista trabajaba con una galería no existía ningún contrato, ni laboral, ni mercantil que los relacionase. Lo mismo sucedía con las exposiciones de artistas en los museos, o con los críticos de arte cuando escribían para un catálogo, o cuando un comisario presentaba un proyecto a una entidad. Tampoco estaban establecidos honorarios profesionales que sirvieran de orientación. Y la otra gran reivindicación eran las subvenciones para la producción de obra, esto es, desde que las obras artísticas incorporan soportes tecnológicos, materiales diversos (instalaciones, o vídeos, o robótica,...) crear piezas requiere mucho dinero, que cuando eran para una exposición encargada por un museo, corre, generalmente, a costa del propio artista, con lo que él se convierte en un mecenas de la programación de las entidades museológicas de este país. Otra demanda era la de que al ser autónomos en la Seguridad Social, y el mercado del arte no garantizar unos ingresos periódicos, el pago de impuestos se convertía en misión imposible en periodos de ausencia total de ventas.

(Fragmento de  Aramis López /Informacion Artes y Letras )